Caminaba hacia un sonriente profesor entre el aplauso general de mis compañeros. Lentamente se fue formando un 10 metido en un círculo sobre un examen con mi nombre; sabía que era un sueño (o todos no estaríamos en ropa interior), pero le rogaba a Dios para que el examen fuese de química.
De pronto...
- Brrnnnn...
Abrí un ojo.
- Brilirililing...
- Ah, es el teléfono.
- Brilirililing...
- Alguien debería contestar...
- Brilirililing...
- Nadie lo hace, tal vez debería hacerlo yo...
Alzo los brazos en plan Conan para liberarme de la mantas y sábanas que tenía encima, mi superioridad era aplastante. Al saltar de la cama una sábana superviviente me agarra por el tobillo y caigo estrepitosamente, ya me vengaré más tarde. Mientras corría por el pasillo juraría haber oído a las demás mantas aplaudir a la sabana que tenía los minutos contados (aún estaba algo dormido).
Oí una última llamada poco antes de llegar, y luego nada.
Esperé dos segundos antes de gritar:
- ¡¡Mierda!! - dije mientras ponía todos mis músculos en tensión.
La frustración me salía de las orejas mientras repetía siempre la misma palabra.
Me tranquilicé, tenía un culpable y él iba a pagarlo. Definitivamente esa sábana tenía los minutos contados. Cuando llegué a mi cuarto la sábana estaba mitad en la cama y mitad en el suelo (fifty, fifty) señalando desafiante la trayectoria de mi vuelo y el lugar exacto de mi aterrizaje.
- ¡Chula tú, ¿eh?! - Grité mientras saltaba hacia la mitad que estaba en la cama.
Arremetí salvajemente contra ella; le pegaba, le mordía, le arañaba... Ella intentaba zafarse, pero yo era más fuerte. Su movimiento hizo que la lucha se desarrollase en el suelo, donde tenía el apoyo de sus compañeras; de todas formas daba igual, yo seguía siendo más fuerte. Yo luchaba y luchaba, mi victoria era inminente cuando...
- Brilirililing...
- No, otra vez no.
Intenté saltar, pero todos me atacaron a la vez; Conan de nuevo en acción. Las sábanas y mantas volaron por toda la habitación y debajo de mí quedó la sabana que lo empezó todo.
- Contigo hablaré más tarde...
- Brilirililing...
- ...ahora tengo un asunto pendiente.
No corrí, volé por el pasillo. En cuanto tuve el teléfono a tiro salté sobre la mesita y cogí el auricular mientras caía, soy un monstruo.
Carraspeé y dije:
- ¿Diga?
Tras dos segundos de espera colgaron.
- Ostias, un "voyeur".
Salté hacia la ventana del salón y descorrí las cortinas.
- ¡¡Sé que estás ahí fuera, hijo de...!!
- ¡¡Aaaaaaah!!
- Ah, hola señora Martínez, tendiendo ¿eh?
- ¡¡Aaaaaaah!!
Entonces me di cuenta por primera vez de que estaba desnudo. Corrí las cortinas y fui tranquilamente hacia mi habitación. Tantas mantas encima... se ve que anoche tuve calor. Recogí un cadáver de suelo y me lo eché sobre los hombros a modo de trofeo, me giré y miré a la sábana maldita.
- Considerate oficialmente indultada, estoy harto.
Recorrí por enésima vez el pasillo con los pies helados y el cerebro trabajando. Por fin estaba definitivamente despierto.
Ayer por la tarde mis padres y mis hermanas pequeñas fueron a visitar a unos parientes y yo me quedé aquí en casa solo. Volví tarde y mi madre tenía preparada mi cama con varias mantas; hoy me he despertado desnudo a las 11:36, hora del video, hora de tender.
Sabía exactamente lo que tenía que hacer; abrí el cajón donde guardo mis amuletos y saqué el silbato con forma de ocarina que compré en una feria sudamericana. Me senté junto al teléfono y esperé. Diez minutos mas tarde sonó.
Descolgué, esperé unos segundos sin hablar y al ver que no contestaban soplé con todas mis fuerzas.
- ¡¡Aaaaaaah!! - gritaron al otro lado del teléfono.
- ¡Te pillé gili!
- ¿Es... es... está Marta?
- ¿Quién eres?
- Pa... Pablo, un compañero de clase, es que le quería preguntar si va a salir esta noche porque...
- ¿Tú has llamado antes?
- Si, un par de veces, antes no contesté porque me daba corte.
- ¿Sí? ¿Sabes que me has despertado?
- Es muy tarde para estar en la cama, ¿se ten han pegado las sábanas?
- ¿Qué si...?
Entonces escuche la canción de "Barbie girl" a través del teléfono, a la vez que sonaba en un coche en la calle a todo volumen.
- Pablito, ¿desde dónde llamas?
- Desde, desde, desde mi mi casa.
Abrí la ventana y miré hacia la cabina que hay en frente a mi casa. Allí estaba, lo reconocí por la ortodoncia que brillaba, me miraba con cara de idiota. Vivo en un primero, no eran más de 100 metros de distancia y le lancé el silbato. Le dí entre ceja y ceja, dio dos pasos hacia atrás y un camión que pasaba lo arrolló.
- ¡¡Aaaaaaah!!
- Ah, hola señora Martínez, tendiendo ¿eh?
 
M. D. de Alba "Tarifus"

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