Sábado, 3 de la madrugada. De todas las personas que estamos en el SILOS soy el que mejor se conoce su suelo, en especial la parte que está delante de mis pies (me la sé de memoria). La noche ha sido una mierda.

La noche, el día, la semana... todo ha sido un asco. A primera hora daban las notas del examen de Inglés, lo había bordado. "Ya verás cuando mi padre vea mis notas", le había dicho al colega de al lado; cuando un 3'55 justo a la derecha de mi nombre se apareció ante mí el sentido de la frase tomó un camino notablemente distinto.

De vuelta a casa, me encuentro con que el poster gigante de mi mito simpático-sexual había sido pintarrajeado, ¿venganza, inconsciencia, un capítulo inédito de expediente-X?, "chi lo sá", sea como fuere aquello clamaba venganza.

Salí al pasillo y arremetí contra la primera persona de metro y poco que encontré. Era mi padre agachado. Esta noche he salido como despedida de la civilización, a partir de mañana estaré siempre en mi cuarto, en el que ni siquiera está mi poster favorito (lo enterré en el campo tras una corta pero intensa ceremonia).

A las once corrí a reunirme con mis colegas, que iban a ser mi paño de lágrimas esta noche, y me encontré con el pariente pedante de alguien que venía del "nosequé del Llobregat". Nos odiamos desde el principio.

A lo largo de la noche me han pisado, empujado, manchado, mojado con cerveza (espero)... es decir, como siempre, pero esta noche me ha molestado.

Y aquí me encuentro, apoyado en la mesa de billar mientras otros juegan,
-¿Te quitas, por favor?- me dicen.
Y me quito, por favor. Y allí está, el pariente pedante rodeado por todos contando batallitas y enseñando los dientes. Me mira y sonrie.

-¿Te crees muy guay, verdad?-le digo.
-No, no me creo guay, yo soy guay.

Agarré la bola 8 de la mesa y le golpeé en la cabeza, sin quererlo, justo en la sién. Cayó desplomado como un muñeco roto. Estaba muerto.

 
M. D. de Alba "Tarifus"
Enero de 1997

VOLVER a la página anterior